Estoy indignada. Manipular a la gente por el estómago es el acto de mayor bajeza que puede hacer un gobernante. Ahora la moda entre los dirigentes chavistas es repartir la comida a las puertas de las casas. La razón es obvia: matarles el hambre a cambio del voto.

Hace algunas semanas el mismísimo presidente, Nicolás Maduro, propuso hacerle llegar la comida a los venezolanos a través de los consejos comunales. Omar Prieto, en San Francisco, emitió un decreto a través del cual pasó de alcalde a ser el mayor distribuidor de alimentos regulados en su municipio, por llamarlo de una manera educada.

El domingo visitó el Zulia el ministro de Alimentación, Rodolfo Marco Torres. Asegura que coordinó acciones para impulsar el nuevo sistema de de distribución, a través de los Comités Locales de Abastecimiento y Producción, y repartir lo que hay casa por casa. La línea está clara. Lo quieren todo. Ya no se conforman con controlar nuestra manera de pensar y de actuar; sino que quieren chuparnos hasta la mínima esperanza.

Este nuevo mecanismo de repartición sólo llegará a los afectos al gobierno que estén registrados en los consejos comunales. Sin duda, cada vez será más difícil para el ciudadano de a pie acceder a los productos básicos, o bien por culpa de un gobierno que se niega a producir pero se empeña en controlarnos hasta la forma de respirar, o por la red de complicidades que hacen del bachaqueo uno de los negocios más rentables de la actualidad.

La miseria humana se pone una vez más de manifiesto. En una Venezuela llena de posibilidades, los distintos niveles de gobierno nos ponen en una encrucijada inaceptable desde cualquier punto de vista: o estás con el gobierno o te mueres de hambre.

Gladys Socorro

Venezolana y periodista

Twitter: @gladyssocorro

Blog: gsocorro.wordpress.com

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