“Presumen de ser más demócratas que nadie, todo en ellos es participación y consultar a las bases, pero funcionan como una pequeña camarilla despótica tan poderosa como implacable a la hora de fulminar a disidentes o competidores dentro de sus filas”.

Más claro imposible. Eso son los populistas. Así se describe su esencia en el libro El Engaño Populista. Son unas marabuntas que se han expandido como pólvora en América Latina, ahora en Estados Unidos, y de los que en Venezuela tenemos un rollo. Arrasan todo a su paso y mienten con un desparpajo inimaginable con el único objetivo de mantener el poder.

Mienten para todo. Al gobierno, encabezado por Nicolás Maduro, no se le puede creer ni el Padrenuestro. El tema de moda son las elecciones regionales. Entre un cuento y otro se han metido en el paltó a la mismísima Constitución. Debían hacerse en diciembre pasado y todavía es fecha que el Consejo Nacional Electoral (que es lo mismo que el poder Ejecutivo) ni siquiera ha asomado para cuándo.

Es obvio. A los rojos no les conviene. Perderían, sin duda. Es por ello que se aferran a la burda excusa de la falta de recursos para hacer cualquier elección, mientras que en paralelo mueven sus piezas para intentar blindarse en cada región. Si para imponer sus fichas fuertes el chavismo debe hacer renunciar a algún gobernador electo por el pueblo, se hace y punto. Mienten sin remordimientos en nombre de la revolución. Es un juego perverso. Hacen dudar hasta al más cuerdo. Y lo peor, que hacen mella en el desaliento de cada uno de los venezolanos.

Se inventan proezas y gestas históricas de episodios trágicos de la vida nacional. Arman historias sobre el cadáver de nuestros muertos para justificar y enaltecer, en nombre de la patria, cada una de las violaciones a las libertades individuales y derechos humanos. Claro ejemplo de ello es la reciente conmemoración del 4 de febrero como la rebelión del pueblo en contra de la corrupción de las élites partidistas, cuando de lo que se trató fue de un vulgar y fallido intento de golpe de Estado, acción militar violenta que apuñaleó la democracia venezolana.

Ya no más. Llegó la hora de ponerle freno a tantos chismes y cuentos mal echados que ni los mismos rojos se los creen. No solo el país está en juego, nuestra salud mental también. Como dijo Ralph Emerson, escritor y poeta norteamericano: “Al que juró hasta que ya nadie confió en él, mintió tanto que ya nadie le cree y pide prestado sin que nadie le dé, le conviene irse a donde nadie le conozca”. 

Gladys Socorro

Periodista

Twitter: @gladyssocorro
Blog: gsocorro.wordpress.com

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