El gobierno camina a paso de vencedores hacia un callejón sin salida. El lanzamiento de una Constituyente es la última carta de Nicolás Maduro para intentar salir a flote en medio de una crisis política, social y económica que se lo devora sin compasión.

Es una jugada que, a mi juicio, se vio obligado a adelantar. Con ella se metió en una encrucijada sin retorno. Solo tiene dos opciones: o la impulsa ajustado al marco de la Constitución y la somete a consideración del pueblo a través de un referendo con votación directa, secreta y universal, o se va para home con la imposición de unas reglas de juego ajenas a cualquier ordenamiento jurídico nacional.
Sería absurdo que el gobierno se decidiera por la primera. Estarían obligados a entrar en el terreno electoral, al que no quieren someterse ni por equivocación. Todo lo que necesite la aprobación del soberano les será rechazado. No tienen capacidad electoral ni para ganar una partida de Ludo. 
Ahora bien, el segundo escenario no les es menos complicado. Saltarse la talanquera jurídica agravaría peligrosamente la conflictividad interna y a nivel internacional sería la carta que falta para que el mundo entero le de la estocada final a este gobierno. 
Las cartas están echadas. Los resultados no serán inmediatos, pero no tengo dudas de que serán a nuestro favor. Basta mirar alrededor y sumar cada paso que hemos avanzado hasta llegar donde estamos hoy. No soy idealista, soy realista. No soy exagerada, soy optimista. Todo tiene su hora bajo el sol, y esta es la hora de Venezuela. 
Gladys Socorro

Periodista

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