#AsíLoVíYo #MarchaALaBarraca #No+Represión #Maracaibo #18M
Bombas y mas bombas. La cantidad de lacrimógenas era desproporcionada. Fue apenas acercarnos a la Barraca para que la Guardia Nacional comenzara con la función. Si la activación de lo que llaman fase II del Plan Zamora no significa mas represión, se le parece mucho. 
Las bombas estaban por todos lados. La marcha se dispersó. Comencé a correr. Tragaba humo y mas humo. El ardor en los ojos y en la garganta se intensificaba. No había vinagre, bicarbonato ni crema dental que pudiera con eso. A cada paso me ahogaba mas. Miraba a los lados y las lacrimógenas estaban allí, en plena efervescencia. 
Como podía, seguía corriendo. Se que eso no debe hacerse en estas situaciones pero cómo evitarlo si al voltear vi cerca de diez motos, cada una con dos militares armados, que venían hacia nosotros. No paraba de rezar. Solo pensaba que, al igual que a los muchachos asesinados, nos pegarían una bomba en el pecho o en la cabeza. A la final, ¿qué es uno mas para ellos?
De repente, la salvación. Ví a un grupo de personas rogando que les abrieran el portón de una de las villas de la zona. Pero por mas que lo pedíamos, fue imposible. No había otra opción, tenía que salir de allí. La salivación por el efecto de las lacrimógenas sumado al ahogo del cansancio, me obligaban a escupir una y otra vez. A mi alrededor todos estaban igual. Compartíamos el vinagre, las toallas, y nos dábamos ánimo para continuar. 
Así llegamos a la villa siguiente. Tampoco querían abrirnos. No aguantaba mas. El ataque de la Guardia fue inclemente, además de injustificado. Estaba muerta de miedo pero el instinto me obligaba a protegerme. Me tiré entre la garita y la pared donde va el nombre de la villa. Por lo menos no me veían y, creía yo que ninguna bala o perdigón me alcanzaría. De repente escuché que por fin se abría el portón. No podía levantarme, no me daban las piernas. Me arrastré y solo pude gritar: “¡Ey yo!”. Un muchacho, mi salvador anónimo, de esos angelitos que nunca faltan, me levantó y me llevó hasta adentro. Ya lo demás es historia. 
Gladys Socorro

Periodista

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