#AsíLoVíYo #LaMaldiciónDeChávez #Cristianos #Evangélicos #02Jun
“Condeno, desde el fondo de mi alma y de mis vísceras, al Estado de Israel. Maldito seas Estado de Israel”. Con estas palabras Hugo Chávez sentenció su muerte y la debacle del pueblo venezolano. Por lo menos así lo creen los cristianos, quienes aseguran que el entonces presidente, en su afán de creerse superior y dueño del Olímpo, retó al mismísimo Dios cuyos deseos están recogidos en el Génesis 12.3: “Bendeciré a los que te bendigan, y maldeciré a los que te maldigan”. 
La maldición de Chávez cumple siete años en junio. Durante este tiempo mucha agua ha corrido. Con sus palabras, el difunto se llevó por delante también a nuestro país por el cargo de poder que ocupaba. Desató el espíritu de la maldad, trayendo consigo mas suicidios, resurgimiento de enfermedades erradicadas, hambruna y asesinatos de dimensiones impensable. Al igual que Hitler, enfiló sus dardos en contra Israel, la niña de los ojos de Dios, y hoy todos pagamos las consecuencias. 
Pero, ¿por qué es tan importante que se cumplan siete años de esta maldición? Porque en el mundo hebreo todo se cataloga en períodos de siete, que equivalen a los siete días que Dios necesitó para crear el mundo: seis de trabajo y uno de descanso. Ahora, si este nuevo aniversario será bueno o malo para los venezolanos, dependerá del cristal con el que se mire. 
Una corriente de evangélicos considera que el conflicto en el país se profundizará porque no hubo año de reposo para traer la paz, mientras que otros opinan que a partir de ahora comienza a menguar la maldición para que los ríos lleguen a su cauce.
Sin embargo, la misericordia de Dios es para todos. Las esperanzas están puestas en la promesa de la resurrección, lo que se traduce en el resurgimiento de Venezuela, porque ya no se puede caer más bajo de lo que estamos. Como dicen las escrituras, cuando Cristo murió fue una semilla que se sembró, porque no muere la carne sino el viejo hombre. Haciendo una analogía con nuestra realidad, no es mas que la convicción de que al morir el vejo estamento del país, resurgirá una nueva nación. Al menos, es lo que creen los evangélicos. 
Gladys Socorro

Periodista

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