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Soy periodista. Siempre supe que lo sería. Desde pequeña jugaba a ser reportera de guerra. Con un cepillo como micrófono decía frente al espejo: Gladys Socorro, El Informador. Lo único que no acerté de ese sueño infantil es que ni hago televisión, ni mucho menos he estado en zona de conflicto bélico de alto calibre, por lo menos, no hasta ahora. 
De resto, me confieso una loca enamorada del periodismo. Lo vivo con pasión desenfrenada, la misma que se siente con esos amores que se debaten entre la lujuria, el placer, lo prohibido, el arrebato, la necesidad de estar y de sentir. Lo vivo con la misma intensidad de esos amores que te ahogan, que te queman, pero de los que jamás querrás ni podrás soltarte.
Para ser periodista se nace. Es una vocación. El periodismo es un estilo de vida. Es un compromiso con el presente y el futuro. Es un compromiso con uno mismo. Hay que vivirlo, sentirlo, respirarlo, cuidarlo, honrarlo. Es una de las profesiones más exigentes porque hay que ir al ritmo del desarrollo de la noticia, y esta no tiene ni hora ni fecha en el calendario. Quien tiene al lado a un periodista sabe de lo que hablo y de los sacrificios que toca hacer. Como dice el reportero polaco Ryszard Kapuscinski: “No hay otro modo de ejercitarlo, o al menos de hacerlo de un modo perfecto”.
“El periodismo es como la prostitución, se aprende en la calle”, afirma el escritor chileno Alberto Fuguet, en su libro Tinta Roja… ¡Y cuánta verdad hay en estas palabras! Es allí donde realmente se desarrolla este oficio, con y al lado de la gente. Es en la calle donde se palpa la realidad que nos rodea. Es desde allí donde se construyen las mejores propuestas, los mejores reportajes. Es en la calle donde se toma el pulso de un país. 
Hoy es el Día del Periodista en Venezuela. Para muchos no hay nada que celebrar. Estamos en medio de una brutal censura oficial y una imperdonable autocensura impuesta por algunos medios de comunicación cuando el pueblo más los necesita.
Pero entre lo malo, siempre sale algo bueno. Me niego a ser pesimista. No es tiempo de quejas ni lamentaciones, sino de tirar hacia adelante. La realidad política y social del país nos ha mostrado las caras de los verdaderos periodistas y medios que estamos comprometidos con el país y la lucha por el rescate de nuestra democracia. Mientras se mantenga viva la llama de la ética y el compromiso, siempre habrá motivos para celebrar. Del resto se encargará la historia. Porque como señala Kapuscinski: “Las malas personas no pueden ser buenos periodistas. Si se es una buena persona se puede intentar comprender a los demás, sus intenciones, su fe, sus intereses, sus dificultades, sus tragedias”. Si tuviera que volver a elegir, sería nuevamente periodista.
Gladys Socorro

Periodista

Twitter: @gladyssocorro

Instagram: @gladyssocorro

Blog: gsocorro.wordpress.com

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