No hay cama pa’ tanta gente

Son las 7:00 am. Se produce el primer bajón del día. Hay que correr para desconectar los aires acondicionados, la nevera y demás electrodomésticos que haya en la casa.
 

A las 7:45 am ocurre el segundo bajón de corriente. Otra vez a pegar brincos para preservar los aparatos. El apagón dura tres horas.

 

Casi a las 11:00 am se restablece el servicio eléctrico, pero no albergamos esperanzas de que dure. Efectivamente, a las 3:45 pm nos quedamos nuevamente sin luz. Regresa 20 minutos después acompañada de tres bajones bruscos de voltaje. Sudamos no solo por la carrera y el calor, sino de pensar que se nos dañe algún aparato. Si no tenemos para comer, mucho menos para repararlos. 

 

Pero no es sino a la 1:23 de la madrugada cuando llega lo peor. Por fin descansábamos del peregrinar diario entre los altos costos, la falta de transporte público e inseguridad, y otra vez Corpoelec hace de las suyas, pero esta vez hasta las 3:30 pm del día siguiente porque explotó un transformador.

 

Este es un día normal en la vida de los zulianos. Desde hace dos semanas las fallas eléctricas son más recurrentes y extendidas en el tiempo. En un día se pueden sumar 17 horas sin luz. La oscurana que se vive en el Zulia se repite en todo el interior del país. Esto pica y se extiende. Como decimos en mi tierra: “¡esto no es vida, esto es angustia!”.

 

La prioridad del gobierno es mantener alumbrada Caracas para minimizar el costo político, aunque eso signifique quitarle los megavatios a Venezuela entera. Pero ni que la orden la gire Papa Dios, podrán cumplirla. No tienen con qué. Por más que insistan, no hay cama pa’ tanta gente. La ciudad capital tiene tres meses sumada a la lista de afectados, resintiendo de los fuertes bajones de voltaje y apagones generales. Sin duda, la cosa se pondrá peor en el corto, muy corto plazo. 

 

La generación termoeléctrica nacional está por el suelo y la sobre exigencia –con mantenimientos vencidos– que le meten a las líneas del sistema interconectado nacional provoca explosiones que se reflejan en mega apagones o, como prefieren llamarlo los especialistas, apagones de amplio espectro porque abarcan más de la mitad del país.

 

Los estudiosos del tema ubican la demanda nacional entre 13.000 y 14.000 megavatios, de los cuales, en teoría y sólo en teoría, 60 por ciento se cubre con la generación hidroeléctrica del Guri y Los Andes, y el 40 por ciento restante con la generación en las plantas instaladas en todo el territorio nacional. Pero la realidad es muy distinta. 

 

José Aguilar, consultor internacional en energía eléctrica, explica que ante la muy disminuida operatividad que tienen las termoeléctricas, la decisión gubernamental es forzar el Guri, que si bien tiene capacidad suficiente de generación hidroeléctrica, ésta no debe sobrepasar lo que las líneas de transmisión puedan soportar. Hacerlo, como de hecho viene ocurriendo, provoca una fuerte sobrecarga en la transmisión y distribución que termina en explosiones y grandes y constantes apagones. 

 

El caso del Zulia es aún más complicado porque está en la cola del sistema y su parque termoeléctrico instalado no funciona adecuadamente, por tanto, se proyecta una tendencia adversa, que de no corregirse, derivaría en un caos en menos de un mes cuando, por condiciones climáticas propias de la región, aumente la demanda. Hoy el estado reclama alrededor de 2.300 megavatios, pero a finales de marzo podría acercarse a los 3.000 por el pico tradicional en las temperaturas. 

 

Aguilar señala que por la vía termoeléctrica, la Costa Occidental de Maracaibo tiene 2.430 megavatios instalados, que en caso de funcionar correctamente, la demanda se cubriría sin problemas con una mínima dependencia del Guri. Pero eso es sólo un sueño, el deber ser. La realidad da cuenta de que Termozulia funciona a 30% de su capacidad; la Ramón Laguna está inoperativa y las plantas de Bajo Grande y Rafael Urdaneta funcionan a menos de media máquina.

¿Si no pueden cubrir la demanda actual, qué podemos esperar desde finales de marzo?: ¡Más ración de Patria! Nos toca prepararnos para vivir en tinieblas, con permanentes bajones de voltaje que dañan todos los aparatos, un comercio cerrado y metidos en las casas para que no nos atraquen, o peor, nos maten.

 

Gladys Socorro

Periodista

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La abstención no es el camino

#AsíLoVíYo #Elecciones #Voto #Abstención #Venezuela #26F
Tanto nadar para morir en la orilla. Así me siento. Hemos pasado más de una década protestando, aguantando y abonando el camino para ir a las presidenciales, únicas elecciones que nos darían un cambio político significativo en el menor tiempo posible, y ahora la estrategia de la unidad es abstenerse.

Respeto la decisión asumida porque se hizo por consenso. En unidad, todo. Seguir como islas era un fracaso seguro. Sin embargo, elevo mi inconformidad porque la abstención nunca ha dejado algún beneficio. La Constitución nacional es clara en su artículo 228: “Se proclamará electo o electa el candidato o candidata que hubiere obtenido la mayoría de votos válidos”. Simple: Venezuela se rige por un sistema electoral mayoritario donde ni la abstención ni los votos nulos cuentan para algo.
Con esta puesta en escena no hay duda de que Nicolás Maduro será reelegido en la presidencia, sin importar cuántos votos saque. Entonces, ¿a quién le conviene más la desmovilización de la oposición? ¿Quién gana con la desmoralización colectiva? ¿A quién se le metió en la cabeza que con este CNE es imposible ganar? Estas matrices de opinión y sus derivadas sólo le sonríen al chavismo. Y lo peor es que los partidos de oposición se prestan a este juego porque le tienen terror a que los fusile la opinión pública. Es más fácil ceder a la presión que embraguetarse y hacerle entender a la gente que la abstención no es el camino. Ellos saben que si vamos unidos a unas elecciones y tenemos testigos y miembros en todas las mesas electorales, es prácticamente imposible que nos roben el triunfo. Con acta en mano, no hay trampa que valga. Lo demás son cuentos de camino.
¡Ah, claro, se me olvidaba un pequeño detalle! ¿Cómo pedirle a la gente que esté dispuesta a votar cuando algunos se han empeñado en proclamar la abstención como la panacea para combatir al gobierno? ¿O es que se nos olvidó que en las parlamentarias de 2005 nos retiramos y no fue hasta 2015 cuando pudimos recuperar ese espacio a través del voto y en unidad? ¿Cómo hacerle entender a los electores que en el voto no hay trampa cuando desde el revocatorio presidencial de 2004 caras visibles de esta misma oposición están cantando fraude sin presentar una sola prueba? ¡Este gobierno nunca ha garantizado condiciones electorales e igual hemos ganado! Estamos cosechando lo que sembramos. Recogemos los frutos de años de equivocaciones. 
Pero esta vez es peor. Nos jugamos todo o nada. Los chavistas proponen incluir en las presidenciales de abril la elección de la Asamblea Nacional, legisladores y concejales, por más que la Constitución deje claro en sus artículos 233 y 72 que no puede haber simultaneidad electoral a menos que haya una situación de excepción que en estos casos no aplica. El CNE dijo que no podía hacerlo, pero ya sabemos que pueden cambiar de opinión. Igual una u otra cosa, se quedarán con todo, y nosotros como decimos los maracuchos: mirando pa San Felipe. Con una minoría y un rechazo popular de ochenta por ciento, se apropiarán del país y nuestras luchas quedarán en la nada.
Bailamos al compás del gobierno. Ellos nos marcan el ritmo. Siempre nos agarran desmovilizados, peor aún, sacándonos los ojos entre nosotros mismos. Y esa ha sido y es la verdadera tragedia que nos ha llevado al límite en el que estamos. Por los intereses particulares y las decisiones hormonales estamos botando el juego. Todos nos iremos por el mismo barranco. Preferimos ilusionarnos con la incursión de marines y la actuación de la comunidad internacional sin darnos cuenta que en el mundo no hay amigos, hay intereses. Los países harán lo que esté entre sus límites. Seguirán cercando al gobierno y sus cabecillas, y con eso nos ahogarán cada vez más como pueblo sin la garantía de lograr la salida de Maduro. 
Me pueden caer encima. Bienvenidos los comentarios. Es solo mi opinión, mi manera de ver las cosas. Soy una venezolana, que como tú, está cansada de atropellos e incongruencias. Una venezolana, que como tú, está dispuesta a seguírsela jugando por este país que aunque me duela hasta los huesos, no me lo quiero sacar.
Gladys Socorro

Periodista 

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#AsíLoVíYo #Elecciones #MUD #Gobierno #Votar #Abstención #19F
La espera desespera. A 63 días de la fecha establecida para las elecciones presidenciales, el 22 de abril, la Unidad Democrática aún no decide si participará o no en el proceso, y mucho menos tiene candidato definido para hacerlo.
La decisión no es fácil. Seguimos entrampados en ir o no ir. Las dos opciones son válidas. Ambas tienen argumentos sólidos que las justifiquen. Pero más allá de las razones, hay que sopesar sus consecuencias. La coincidencia es que la vía que se decida recorrer debe hacerse en unidad. Son todos o ninguno. Es la única forma de éxito posible. Lo contrario es arar en el mar. Y es allí donde está el verdadero calvario: lograr la cohesión de todas las organizaciones políticas más allá de cualquier cálculo personal, electoral o partidista.
Si la decisión es seguir la ruta electoral, el tiempo y la abstención son los principales enemigos a vencer. Mañana cierra la inscripción de nuevos votantes, colchón necesario para intentar amortiguar el vacío dejado por millones de venezolanos que han emigrado. También hasta mañana hay tiempo para designar a los autorizados para contratar publicidad y propaganda; y entre hoy y el miércoles los partidos deben presentar los datos sobre los autorizados para postular candidatos. 
Y más allá de estos “detalles técnicos”, mientras la Mesa de la Unidad deshoja la margarita, el tiempo se hace cada vez más estrecho para librar lo que sería la batalla más importante de esta contienda: romper con la desesperanza y apatía colectiva para vencer la abstención, mejor aliada del gobierno y que muchos dividendos le ha aportado. Algo claro tiene la oposición: si votamos, ganamos; pero si la participación es baja, nos aniquilan. Ejemplo claro de ello fueron las elecciones a la Asamblea Nacional de 2015. 
Pero si la decisión es no participar en las elecciones de abril, la pelea será aún más difícil. La abstención pasiva, sin plan B y sin rumbo seguro, es la nada, es lanzarse al vacío y regalarle a Maduro seis años más en el poder. Ejemplos tenemos como las elecciones parlamentarias de 2005 y la constituyente en 2017. En Venezuela no cuentan ni el voto nulo, papeletas en blanco ni la abstención. Aquí se gana con mayoría simple y, por muy ilegítimo e inmoral que parezca, eso no hace mella en el caradurismo del gobierno. 
El reloj avanza. Los venezolanos estamos sobre una bomba de tiempo. La profunda crisis económica hace que sobrevivir en este país sea de valientes y mantenerse cuerdo después de 18 años de locura, una proeza. Se siguen moviendo las piezas en el tablero político pero el económico y social está a punto de explotar. La esperanza es como las fichas del dominó: cuando una cae, acaban cayendo todas.
Gladys Socorro

Periodista

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Una vaina loca

#AsíLoVíYo #Economía #Crisis #Venezuela #AltosPrecios #22E

Si pensaba que esta revolución lo había empobrecido, se quedó corto. Ya no le alcanza ni para cubrir sus necesidades básicas. Si tiene dudas, saquemos cuentas. Búsquese varios pañuelos para secarse las lágrimas porque no podrá parar de llorar. 
Comencemos por el principio. El sueldo mínimo MENSUAL está en 248.510 bolívares, que convertido al dólar negro que rige nuestra economía, son 1,24 verdes. El monto MENSUAL por cesta tique es 549.000 bolívares, es decir, 2,7 dólares. Sumados conforman el denominado salario integral, un gran total MENSUAL de 3,94 dólares. Sí, como lee, el sueldo mínimo MENSUAL de los venezolanos no llega ni a 4 dólares.

¿Seguimos? El kilo de pollo está en 230.000 bolívares. Si quiere comprar uno que pese dos kilos y medio debe disponer de al menos 575.000 bolívares. Ni con dos meses de sueldo mínimo puede comprarlo. Si se rebusca 25.000 puede pagarlo con el mes de tique de alimentación. ¡Todo un mes de trabajo para un pollito, uno solo!

Seamos realistas. Mejor hace arepas. Rinden más porque se alimentan más bocas. El paquete de harina está en 125.000 bolívares. Le puede alcanzar para dos o tres días, dependiendo de cuántos sean. Seamos benévolos con el gobierno: sumemos y restemos en base al sueldo integral. ¡Le están quedando 672.510 bolívares! Tiene “para escoger” con qué las rellenará: si le pone mantequilla, el pote está en 125.000, si mejor le pone queso, el kilo va entre 300.000 y 500.000 bolos. ¿Y si se la come con huevo? Mejor no, cada uno está en 11.300. Parece que la opción es mortadela, pero el kilo está en 275.000 bolívares. ¿Y si pela por una lata de sardina? Tiene entonces 60.000 por el pecho.

Sí, lo sé. Yo estoy igual que usted: en depresión. Evalúe comer pan a ver si rinde más la platica. Cada pan francés está en aproximadamente 10.000 bolívares. Se puede comer uno en el día con alguna sobra que con el favor de Dios tenga por ahí. Pero si tiene muchachos la cosa se le complica. Y nada de ponerse exigentes: lo ruedan con agua, nada de refresco. La botella de dos litros está en 100.000.

Desde hace rato la leche y la carne brillan por su ausencia. Son artículos de lujo. Si tiene niños pequeños tendrá que solucionar el tetero con agua de espaguetti, aunque ya ni sé porque el kilo de pasta cuesta 220.000 bolos, casi el sueldo mínimo MENSUAL o mitad del cesta tique.

A todas estas tiene prohibido enfermarse, cepillarse los dientes, bañarse o echarse desodorante. Probablemente falte al trabajo porque no le alcanza para pagar el bus. No hay reales para tantos lujos juntos.

¡No pierdan las esperanzas!, nos dicen. Pero, ¡qué difícil es mantenerlas en Venezuela! Este país es una vaina loca. Cada día se pone peor. No hay ingresos que aguanten esta mecha. Quienes sobreviven es porque algún familiar les envía “una cosita” desde cualquier parte del mundo. No en vano cuatro millones de venezolanos han emigrado huyendo de esta insostenible revolución. Mientras tanto, gobierno y oposición deshojan la margarita sobre la fecha de las presidenciales, pero ¿les alcanzará el tiempo antes de que esto explote? El último que apague la luz.

Gladys Socorro

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Se robó el home

#AsíLoVíYo #PapaFrancisco #Iglesia #Chile #18E
Cerró con broche de oro. Puso punto final a lo grande. La atención mediática mundial lo tiene en la mira. El papa Francisco se despidió de Chile con un escandalazo: le dio todo su apoyo al obispo Juan Barros, sobre quien pesan acusaciones de pederastia. 

El papa Francisco se robó el home. Dijo a la prensa: “El día que me traigan una prueba, ahí voy a hablar. No hay una sola prueba en contra. Todo es calumnia. ¿Está claro?”. Tenga razón o no sus palabras dejaron a más de uno descolocado, entre primera y segunda. Su pronunciamiento sobre los casos de abusos a menores por parte de sacerdotes era lo más esperado en esta visita, pero que tomara parte tan abiertamente por el obispo no estaba en la cuenta de nadie, pese a que ya había revuelo porque este lo acompañó durante toda la gira.
Más allá de si tiene o no razón, o de si debía tomar posición públicamente, el hecho cierto es que sus declaraciones no se dieron por error. Todo lo que el jerarca de la Iglesia Católica dice y hace está bien pensado. 
El tema de la pederastia es en extremo delicado. Provoca ronchas en la gente, independientemente de si son católicos o no. Se crucifica a la Iglesia en general por unos pocos. Esto, aunado a la falta de apertura y modernidad, revela el rostro envejecido de esta institución con poco más de dos mil años. 
¿El papa Francisco lo habrá entendido? ¿Serán suficientes sus pasos para abonar el terreno de la transformación de la Iglesia Católica? Sólo el tiempo lo dirá. Por ahora, apuesta a que los jóvenes le laven la cara a la institución: “Hablen con valentía y digan lo que sienten. Ayuden a que la Iglesia tenga un rostro joven. La iglesia necesita que los jóvenes nos interpelen, que tengan el coraje de decirnos qué caminos creen debemos transitar. Necesitamos que los jóvenes nos muevan el piso para estar más cerca de Jesús”.
Gladys Socorro

Periodista

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#AsíLoVíYo #Maracaibo #Basura #CrisisSanitaria #GobernaciónDelZulia #Alcaldía #17E
Maracaibo es un asco. Por donde se mire está abarrotada de basura. Por cada calle, avenida, barrio o urbanización que pase hay cerros de bolsas y desechos dispersos. Los camiones del aseo se fueron de vacaciones desde el año pasado, y vamos para febrero y nada que aparecen. 
Las moscas sobreabundan. El olor de basura descompuesta, las ratas y los gusanos llevan a más de uno por la calle de la amargura. Y lo peor, sin esperanzas de que se solucione en el corto plazo. Hasta la fecha, los nuevos gobiernos, regional y municipal, han sido puro hablar y nada concretan, mientras a la ciudad se la tragan la desidia y la anarquía.
El problema de la recolección de la basura en Maracaibo se les fue de las manos. Sin embargo, en honor a la verdad hay que recordar que esta responsabilidad es exclusiva de la Gobernación del Zulia desde junio de 2017, es decir, que los grandes responsables de esta crisis de salubridad son Francisco Arias Cárdenas y Omar Prieto. El alcalde Willy Casanova es sólo coresponsable por andar prometiendo lo que no podía cumplir y porque no puede zafarse del problema por ser del mismo partido de gobierno.
Mientras tanto, la gente en medio de su desespero ha comenzado a quemar la basura a cielo abierto. Cada quien hace lo que le da la gana, cada quien resuelve como puede y en las instancias de gobierno se hacen los locos porque les quitan un peso de encima, aunque sea temporalmente. 
Pero, ¿hasta cuándo podremos soportar vivir entre tanta inmundicia? ¿Cuándo se pondrán serios los nuevos gobernantes y le meterán el pecho a esta realidad que está próxima a convertirse en una crisis sanitaria? ¿Acaso llegaron al poder a improvisar, sin ni siquiera un mínimo plan de acción sobre el funcionamiento básico de la ciudad? ¿Será que los nuevos revolucionarios en el poder sólo saben hablar y prometer, pero no saben solucionar?
¡Ay mi Maracaibo!, ¿será que habrá alguien que se apiade de vos?
Gladys Socorro

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#AsíLoVíYo #Reflexión #Oposición #Chavismo #MorralRevolucionario #MisiónVivienda #10E

Es amarillo, azul y rojo. Ocho de cada 10 personas lo llevan a sus espaldas. Caminan por las calles como si estuvieran uniformadas; no importa la edad, todos lo usan por igual: es el morral revolucionario que incluía útiles escolares. Llegó hasta los lugares más apartados del país, y con él se profundizó aún más la influencia chavista y la sensación cierta de los excluidos de ser tomados en cuenta.
No son meras estadísticas, yo lo ví. A veces hay que apartarse de las grandes ciudades para entender el comportamiento político electoral del resto de Venezuela. Hay que ampliar el foco para dejar a un lado las críticas y pensar en estrategias que puedan competir con lo que hay. 
Un recorrido por pueblitos de Falcón me hizo entender por qué esta población tan golpeada, con severos problemas de electricidad, escasez de agua, gas, comida y medicinas, aún sigue siendo roja rojita. El mismo patrón debe replicarse en el resto del país. Nos guste o no, las ayudas directas son más efectivas que cualquier planteamiento macro.
Los han subestimado. Los años pasan y aún en la oposición venezolana no tenemos clara la magnitud de contra quien nos enfrentamos. El chavismo va más allá de lo que se ve. En los lugares más remotos ha llegado la mano roja, con pequeñas o grandes cosas, pero está presente. Viven como si estuvieran en una campaña permanente.
Esa es la diferencia. Mientras la oposición sigue etérea en su discurso de derechos humanos, restitución del hilo constitucional, presos políticos y democracia, el gobierno toca la puerta de cada casa y algo deja, así sea una caja Clap cada cuatro meses, y con eso les mantiene la esperanza de que en cualquier momento les llegará nuevamente.
Por muy pequeño que sea el pueblo, ha sido tocado por la Misión Vivienda. Cada casa se entrega elementalmente amoblada. Tienen tanques azules de agua como solución a la escasez que ellos mismos crearon. El gobierno se convirtió en el que azota y luego unta la crema cicatrizante. Lo aceptemos o no, esos ojitos de Chávez tatuados en cada casa y en los morrales siguen teniendo el control sobre millones de venezolanos. Son unos ojitos que intimidan, que reclaman, que castigan. Nos guste o no, debemos aceptar que como oposición hemos fracasado. Toca reinventarse.
Gladys Socorro

Periodista

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#AsíLoVíYo #Vota #10D #Elecciones #Regionales #Municipales #Reflexión
Yo sí voto. Una y mil veces voto. No le regalo a nadie la potestad de decidir por mí. Mi destino me lo trazo yo, con mis actos y mis decisiones, y el 10 de diciembre no será la excepción.
Se que hay motivos para la decepción colectiva ante cada proceso electoral. Se que hay muchas razones para ahogarnos en la desesperanza que nos mata de a poco y no nos deja avanzar. Pero también se que todos tenemos unas ganas inmensas de acabar con este mal vivir, con esta tragedia de país que nos arrastra sin frenos por un barranco.
Pero, ¿cómo pensar si quiera en la posibilidad de cambiar esta oscura realidad si elegimos el camino de la abstención? No votar es lo mismo que votar por los chavistas, responsables de todas las tragedias que vive mi gente. No votar es rendirnos antes de comenzar la pelea. No votar es colgar los guantes y abandonar nuestros sueños. ¿Quiénes son ellos para mandar sobre nuestras esperanzas, nuestros deseos, nuestras certezas? ¿Por qué nos boicoteamos nosotros mismos y les damos el poder de mandar sobre nuestras vidas?
La peor diligencia es la que no se hace. El 10 de diciembre tenemos la oportunidad de ejercer nuestro derecho al voto. No regalemos nuestra única arma para lograr el cambio político en nuestro país. Con este CNE sí se puede ganar y así lo hemos demostrado una y otra vez. ¿Por qué esta vez será diferente?
No se trata de si estamos de acuerdo o no con determinados candidatos. Se trata de impedir que el Zulia y los 335 municipios del país queden en manos de los chavistas. El voto del 10 de diciembre es de supervivencia, de escoger vivir en libertad o atados a la repulsiva manipulación chavista que solo nos ha dejado a su paso hambre, tristeza y miseria.
Gladys Socorro

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#AsíLoVíYo #Elecciones #Regionales #Venezuela 
Votar no es una opción, es una necesidad. Ya ni siquiera se trata de un partido político ni el nombre de un candidato, votar en Venezuela es un acto de supervivencia. Atrás quedaron las discusiones sobre quién es el mejor para la conducción política de las masas. Atrás quedó la irreverencia de votar nulo o sumarse a la abstención como medida de protesta por la mala gerencia de nuestros gobernantes. Hoy debemos entender y tener muy claro que la única carta constitucional que tenemos para exterminar a los chavistas en el poder es el voto.
En nuestro país los cargos de elección popular se ganan por mayoría simple, es decir, que aunque sólo vote el 10 por ciento de la población electoral, la persona queda ungida para mandar por el tiempo que lo establezca la Constitución. No es ético, pero es legal. No es legítimo, pero es constitucional.
Los chavistas lo saben y por ello se han empeñado durante 18 años en chuparnos las esperanzas, enfrentarnos entre nosotros, convertir en el coco al CNE y desvirtuar el voto de tal manera que ya hasta se lo hemos cedido sin importar que es nuestro derecho obtenido después de muchas luchas históricas, sangre y sacrificios. Hemos permitido que la desesperanza haya llegado a tanto que no nos importa siquiera que los únicos logros verdaderos y tangibles que hemos tenido frente a este gobierno autoritario han sido a través del voto: gobernaciones, alcaldías, Asamblea Nacional. 
El 15 de octubre tendremos la oportunidad de comenzar a remover el tablero nacional. Muy osado sería quien dijera que la trágica realidad cambiará desde entonces, pero lo que sí es una gran verdad es que con la recuperación de los estados se abre la puerta para acabar con el gran problema de nuestro país: el gobierno de Nicolás Maduro y el sistema político que ha instaurado.
Seríamos poco coherentes si después de estar cuatro meses protestando en la calle, entre otras cosas por un cronograma electoral, ahora no votemos. Estaríamos rayando en la locura si con una inflación acumulada de 700 por ciento y una canasta familiar básica mensual en tres millones de bolívares no saliéramos a votar para castigarlos por este desastre. Seríamos muy masoquistas si nos cerráramos nosotros mismos la esperanza y posibilidad cierta de comenzar a retomar los espacios para quitarles el poder y la plata que los sustenta. 
La decisión está en nuestras manos. Nada haremos con dejar pasar esta oportunidad para luego seguir quejándonos de lo invivible que han convertido a nuestro país. Las palabras sin acción son huecas, y pueden llegar a doler hasta lo más profundo. No todos tenemos las maneras para irnos de aquí, y muy pocos queremos hacerlo. Venezuela es mía y es el único país en el que quiero estar. Como reza el dicho popular: después de ojo sacado, no hay Santa Lucía que valga. 
Gladys Socorro

Periodista

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#AsíLoVíYo #Reflexión #PorQuéSomosAsí #Venezuela 
Los venezolanos tenemos el gobierno que nos merecemos. Una y mil veces me he negado a aceptar esta premisa histórica por el daño que los chavistas le han hecho a mi país, pero hoy, con una profunda tristeza y rabia, concluyo que el peor daño nos lo hemos hecho nosotros mismos. La mezquindad, las críticas, la quejadera y el sabotaje permanente ha sobrepasado todos los límites.
Nos autoflagelamos a cada momento. Señalamos y hacemos juicios a priori sobre nuestra lucha de años por sacar a un gobierno autoritario y dictatorial, como si lograrlo fuera soplar y hacer botellas. Pasamos de la euforia a la negación en un segundo, sin detenernos a pensar en los esfuerzos y los logros obtenidos. No, por el contrario, todo es negativo, todo es una crítica, todo es una queja. Pareciera que eso se ha convertido en nuestro hobbie. El país se nos cae a pedazos y nos matamos entre nosotros, olvidando que el verdadero enemigo es el gobierno. Nos devoramos entre nosotros. Nos descalificamos sin piedad.
Los venezolanos somos incongruentes. No nos entendemos pero queremos que el mundo nos entienda y, además, que nos ayude. Si no salimos a protestar es que estamos dormidos y no hay liderazgo; si tenemos cuatro meses en la calle protestando, entonces es que hasta cuándo calle y con eso no vamos a resolver nada. Tenemos meses en la calle reclamando elecciones y ahora que se abrió una puerta con las regionales se nos da por descalificar el proceso y a los candidatos sin ni siquiera saborear que ha sido nuestro logro como ciudadanía y olvidando que poco a poco se van recuperando los espacios. Si hay una mesa de negociación para intentar frenar la constituyente y abrir un canal humanitario para que llegue comida y medicinas que tanta falta nos hacen, entonces nos quejamos de por qué la oposición se sienta a dialogar con el gobierno cuando lo que tiene que hacer es sacarlo a la fuerza pero, ¿con qué armas? ¿Quién quiere poner los muertos? ¿Qué madre va a mandar a su hijo para que lo maten? ¿Quién, en su sano juicio, puede apoyar esa carnicería así sean muchachos ajenos?
Hoy las redes sociales, buenas para unas cosas pero que tan mal resultado nos ha dado en lo que a la unificación y construcción de una salida democrática a esta crisis se refiere, amanecieron convulsionadas porque los representantes de la Mesa de la Unidad intentan, nuevamente y sin desmayar, un acuerdo político que permita buscarle alguna salida a la tragedia nacional que nos ahoga cada día más. ¡Hasta al papa Francisco lo hemos crucificado, lo hemos hecho tiritas, cuando lo único que ha hecho es ayudar e intentar mediar en una catástrofe que por sí sola no terminará!
Los venezolanos nos hemos convertido en egoístas hasta con nosotros mismos. Nos seguimos saboteando hasta nuestras mínimas posibilidades de comenzar a respirar entre tanta vaina. ¿Hasta cuándo seguimos con el temita de que Julio Borges, Manuel Rosales, Luis Florido, Timoteo Zambrano, entre otros, son los traidores, pero aplaudimos todas las sandeces que dice y hace un Diosdado Cabello que sabemos que lo que busca es dividirnos y chuparnos las esperanzas?
Los venezolanos tenemos el gobierno que nos merecemos. Solo cuando aprendamos que tenemos que luchar juntos por el objetivo fundamental y no nos desviemos en críticas estériles y absurdas entre nosotros y hacia los nuestros, allí y solo allí es cuando podremos comenzar a pensar en la posibilidad cierta de que acabaremos con este gobierno. Seguir con la actitud en la que andamos es cavar nuestra propia tumba.
Gladys Socorro

Periodista

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