Rosales sigue siendo el coco

Dicen que obras hacen amores. Tras casi siete años entre la clandestinidad, el exilio y ahora la cárcel, Manuel Rosales, exgobernador del Zulia, cosecha el respaldo de un pueblo que hoy exige su libertad porque sabe de su entrega y lucha por el bienestar de los que menos tienen.
Rosales es un hombre callado, observador y de poco hablar. De hecho, lo último no se le da muy bien. Pero al César lo que es del César, y a Dios lo que es de Dios: siempre ha demostrado tener una visión completa y ambiciosa de desarrollo. Apostó por un Estado moderno y popular, no populista ni paternalista. Más de 70 por ciento de los zulianos respaldan y añoran su modelo de gestión pública democrático, con redistribución de oportunidades para la gente, dándoles herramientas para salir adelante, y no convirtiéndolos en limosneros del gobierno de turno.
Solo los mezquinos son incapaces de reconocer sus logros. Blancos, rojos, verdes, amarillos, naranjas y azules coinciden en que bajo su mandato el Zulia era otra cosa. El éxito ha sido su carta de presentación, pero también lo ha convertido en el blanco permanente del odio visceral del gobierno. No le perdonan que haya sido el muro de contención para que el chavismo no entrara en el estado.

No hay magia, hay trabajo. Aseguran que la gente olvida lo que un político dice, pero siempre recuerda cómo la hace sentir. Por Manuel Rosales votaban hasta los chavistas. Estaban claros en que no había dádivas ni personalismos en la entrega de beneficios, cosa que los de ellos están muy lejos de entender.
La educación fue prioridad durante su gobierno. “Quien se forma no depende de nadie”, decía. Para ello aplicó un plan completo: escuelas con aulas virtuales para adentrar a los niños en la tecnología; comedores escolares, dotación de libros, útiles y uniformes, todo para minimizar la deserción escolar. Una vez graduados, se beneficiaban con las becas del programa Jesús Enrique Lossada o con la capacitación de un oficio. Si bien la educación no da votos, estaba claro en que seguía siendo la base del desarrollo de cualquier país.
Del éxito de su gestión hablan también sus obras en salud, vivienda, programas sociales, económicos, limpieza y ornato de la ciudad.
Rosales sigue siendo el coco para muchos. Para los fracasados es mejor destruir, aplastar a quien lo hace bien, al que les hace sombra. En su caso judicial no hay nada mas que pase de factura y resentimiento. Pero como él mismo dice: “Firme y claro en la lucha. Los principios no se negocian”.
Gladys Socorro

Venezolana y Periodista

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Por mucho menos sacaron a CAP

Los venezolanos estamos pelando y no son los dientes. El jueves amanecimos 61,7 por ciento más devaluados de lo que ya estábamos, solo considerando el dólar oficial que de 6,30 pasó a 10 bolívares. La cifra de inflación acumulada en 2015 dada por el Banco Central de Venezuela es de 180 por ciento, eso sin registrar la arremetida violenta que lleva el alto costo de la vida en los dos primeros meses de este año.

Por mucho menos que esto a Carlos Andrés Pérez le incendiaron el país por los cuatro costados en el Caracazo de 1989 y los militares golpistas, que hoy ostentan el poder, se le alzaron en armas en febrero de 1992. Para ese entonces la inflación se ubicaba en 84,5 por ciento, es decir, estábamos en pañales en comparación a la realidad que hoy nos ahoga. De la corrupción ni hablar. En la cuarta se hablaba del chinito de Recadi, pero hoy son múltiples los señalamientos que se le hacen a los jefes rojos por narcotráfico, que es mucho que decir. 

Los venezolanos nos miramos y no entendemos cómo hemos aguantado tanto sin chistar: colas eternas para comprar lo poco que hay de comida, no hay medicinas, no hay agua, padecemos fuertes racionamientos de luz, delincuencia desatada, productos incomprables, y pare de contar. 
No cabe duda de que somos pacíficos, hasta rayar en la exageración. Los violentos son otros. La historia así lo evidencia. Los disturbios y alzamientos son estrategias que han sido practicadas por comunistas y militares. Bien lo dice Juan Carlos Zapata en su libro El Suicidio del Poder: “Los militares siempre están recostados al poder de turno, y huelen los cambios antes que cualquiera”.
Por otra parte, los comunistas trasnochados tienen un manifiesto, una cartilla que rige sus actuaciones. Así lo revela la periodista Thays Peñalver en La Conspiración de los 12 Golpes, donde señala que “estos movimientos formaron parte de la ‘batalla de liberación’ y hoy se conoce que partidos radicales organizaron todos estos ‘motines espontáneos’ desde Cuba y Nicaragua”.
Explica que en los años 80 y 90 los sabotajes izquierdistas llegaron a República Dominicana, Ecuador, México, Perú, Costa Rica, Brasil, Chile, Honduras, Guatemala y Venezuela, entre otros. Emplearon a fondo el plan del “puño único contra el Fondo Monetario Internacional”. Habían inventado la palabra “paquetazo”, que surgió de los revolucionarios internacionales a partir de 1980, cuando Fidel Castro dejó de apoyarse en los partidos comunistas y buscó la lucha contra el FMI como proyecto.  
Los comunistas y militares golpistas de antes son los gobernantes de ahora. Los que antes armaban los zafarranchos colectivos hoy están en el poder. Es obvio: no habrá alzamiento popular, y ellos lo saben. Lo que no está garantizado es que ellos, en su afán de mantenerse en el poder, apliquen nuevamente su libreto pero a la opción del autogolpe. El desespero puede llevarlos a cualquier cosa, y aquí en Venezuela estamos muy mal. Amanecerá y veremos.
Gladys Socorro

Venezolana y Periodista

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Con la soga al cuello

El Gobierno termina de cavar su propia tumba. En su hambre desmedida de poder y por tener el control absoluto, sigue aferrado al Tribunal Supremo de Justicia como único muro de contención para frenar cualquier propuesta, buena o mala, que haga la Asamblea Nacional. Pero con el Decreto de Emergencia Económica se pusieron la soga al cuello.

Se convirtieron en los amos absolutos de la papa caliente. Son los únicos responsables de buscarle soluciones rápidas y efectivas a la profunda crisis que lleva a los venezolanos por la calle de la amargura. No tienen excusas. “Allí tienen a su muerto resucitado, a ver si pueden arreglar algo”, confirmaba Henry Ramos Allup, presidente de la Asamblea Nacional, una vez enterado de la decisión jurídica. Maduro y su combo se seguirán pagando y dando el vuelto, cosa que no es nueva pero que, en esta crítica realidad, solo de pensarlo le pone a cualquiera los pelos de punta, además de hundirnos en la desesperanza. Y cómo no, si este Gobierno se ha empeñado, día tras día, en hacerlo mal, muy mal y peor.
Las alarmas están que explotan. Si bien la Asamblea Nacional gana tiempo con la dantesca decisión jurídica para avanzar en su evaluación del camino para reformar el TSJ, el pesimismo colectivo comienza a hacer mella entre los venezolanos. La sensación generalizada es de estar en un atolladero, en un callejón sin salida, mientras no se revierta la designación exprés de magistrados que se hizo en vísperas de Navidad.

La batalla no la ganará el más fuerte sino el más inteligente. Hay que confiar en el olfato político del bloque parlamentario que lidera la Asamblea Nacional. Responden al momento histórico del país. Tienen a Maduro sudando frío. Nadie dijo que iba a ser fácil, por eso no hay que desbocarse por muy malos que sean los tiempos. Hay oportunidades que ameritan pragmatismo por encima de las formalidades y pareciera que en eso Ramos Allup y su combo nos llevan una morena. Pero cuidado, sin abusar, porque los venezolanos esperamos, mas que jugadas políticas, soluciones verdaderas a esta crisis. 
Gladys Socorro

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Hay que pasar la página

Llegó la hora. Entramos en la discusión más álgida que tendrá que librar la recién electa Asamblea Nacional: la Ley de Amnistía.
Para algunos se trata de perdón, para otros, de justicia. Lo cierto es que en los tiempos tan convulsionados que vivimos en Venezuela, ésta se hace absolutamente necesaria. Debemos comenzar por reconocernos, aceptarnos y respetarnos como ciudadanos con los mismos derechos, deberes, oportunidades, pero por sobre todo, con las diferencias de pensamiento.
La competencia de su elaboración, discusión y aprobación es exclusiva del parlamento. Son los diputados electos, con la pluralidad que representan, quienes tienen la obligación de llevarla adelante, incluídos los chavistas, cuyos líderes políticos son lo que son, y están donde están, gracias a medidas como éstas aplicadas en gobiernos anteriores. ¿O es que acaso hay amnistías buenas y amnistías malas? Pues no. Disentir políticamente no puede ser un delito para nadie.
Podemos hablar, entre los casos más emblemáticos, de Manuel Rosales, exgobernador del Zulia y presidente fundador del partido Un Nuevo Tiempo. El gobierno lo obligó a pasar a la clandestinidad, vivir poco mas de siete años en el exilio y, desde octubre pasado, permanecer encerrado en El Helicoide. ¿Cuál fue su delito? Rivalizar políticamente con el difunto y tener un liderazgo consolidado que sirvió de muro de contención para que el modelo chavista no entrara al Zulia. 
Está el caso de Leopoldo López, entre otros, a quien este gobierno acusa de ser el responsable de 46 muertes en las protestas de febrero 2014. Entonces me pregunto, ¿por qué no va preso Nicolás por ser el responsable de los 20 mil muertos anuales que tenemos en el país por falta de mano dura del Gobierno contra el hampa?
Aquí no hay muertos buenos ni muertos malos. No se puede jugar a la política a costillas de las vidas humanas y de las tragedias familiares. El país necesita la pronta aprobación y promulgación de la Ley de Amnistía. Es urgente que nos reconciliemos.
En realidad, todos necesitamos lo que podríamos llamar una Ley de Amnistía individual, un acto de contricción, para dejar a un lado el odio y las descalificaciones que por tantos años nos han separado. Hay familias divididas por radicalismos políticos, y eso es imperdonable. Mientras no nos reconciliemos seguiremos en un círculo vicioso que no nos permitirá avanzar ni en lo personal ni como país.
No hay vencidos ni vencedores cuando de lo que se trata es de rescatar el único país que tenemos. Hay que pasar la página de este capítulo en la historia nacional en el que mas allá de un modelo político, el mayor daño ha sido el resentimiento, la violencia y el pase de facturas.
Gladys Socorro

Venezolana y periodista

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¡Agarre mínimo, compadre!

Cuando los gobernantes pierden la vergüenza, el pueblo pierde el respeto. En esas andamos en Venezuela. La derrota aplastante en las parlamentarias de diciembre pasado ha dejado al Gobierno como gata boca arriba y tirando golpes para todos lados. Están en el clímax de la desconexión con el pueblo, cometiendo error tras error, uno peor que el otro. Se le ven las costuras. Son más grandes las ansias de poder que el tan pregonado amor al pueblo, porque para amar primero hay que respetar, y ellos no saben qué es eso.

Escuchar al presidente Nicolás Maduro decir que no reconoce a la nueva Asamblea “oligarca” es de un absurdo imperdonable. Verlo amenazar en televisión con quitar todos los taxis de paquete que entregó pocos días antes de las elecciones es como estar viendo los berrinches malcriados de Kiko, en El Chavo del 8. Que en su programa en vivo hable un hombre en representación de los círculos bolivarianos y amenace con “meterle un pepazo” a quien se rinda en la defensa de la revolución y ni siquiera reciba una reprimenda de su parte, es decepcionante y hasta vulgar.

Que los magistrados del Tribunal Supremo de Justicia, designados a la carrera por los diputados salientes, sean los que estén mandando en el país, pasándose por el paltó a la Asamblea Nacional electa por la mayoría, es un acto desafiante a la paciencia colectiva; pero que todos los voceros oficialistas coincidan en asegurar que perdieron porque la derecha manipuló al electorado, ya es mucho con demasiado.

¿De verdad nadie de los que rodea al Presidente le puede decir que le baje dos a sus amenazas y desvaríos? ¿Será que alguno se atreverá a hacerlo entender que perdió ampliamente las elecciones y que tiene que respetar al soberano del que por 17 años han hecho alarde de tener a su favor? Yo espero que sí y que lo haga pronto, porque cada vez se hunde mas en su fracaso. Y no es por echarle una ayudaíta a Maduro, solo que hasta de la peores circunstancias se debe buscar la manera mas decorosa de salir de ellas.

Presidente, usted perdió. Entiéndalo, internalícelo, digiéralo, asúmalo. Y lo peor no fue perder un proceso electoral, lo mas grave de todo y lo que no tiene vuelta de hoja, es que perdió la credibilidad. Nadie le cree, Presidente. No pegue cuatro gritos en sus cadenas, porque nadie se los cree. No amenace a diestra y siniestra, porque nadie le cree.
Nadie apuesta medio porque usted acabará con las colas para comprar comida. Nadie se cree el cuento de la guerra económica, que al final es mejor que sea así, porque es mas lamentable para usted que todo el mundo pregone que salió derrotado de esa guerra, la mas importante que debía librar.

Usted, Presidente, de la mano con Diosdado Cabello, sigue siendo el submarino mas poderoso de la artillería chavista, aunque no quiera reconocerlo. Con cada declaración que da deja en evidencia ante el mundo de qué está hecho su gobierno, sus intenciones, sus principios, y de lo que son capaces de hacer por el poder. Y léase bien, por poder y no por ayudar al pueblo que alguna vez les sirvió para avalar todas sus artimañas, pero que ahora desechan y subestiman como les da la gana.
Agarre mínimo, compadre. Ya no somos los mismos. Hoy tenemos 112 diputados en la Asamblea Nacional. Somos mayoría calificada aunque intenten romperla bajo cualquier excusa. Eso que no se le olvide y, sobre todo, que no se nos olvide a nosotros. Dimos el paso mas importante para comenzar a cambiar el desastre de país en el que nos metieron. Intentar desconocer a los diputados electos son bravuconadas que le van a costar muy caras ante los venezolanos y a nivel internacional. Nicolás la tiene bien complicada. El mundo tiene los ojos puestos en Venezuela, en la actuación del Gobierno y sus sistemáticas violaciones a los derechos fundamentales de la población; además, ya no hay chequera para financiar los proyectos de los presidentes amigos. Venezuela está en emergencia, pero no de ahora como quieren hacer ver. Desde hace rato los ciudadanos estamos pariendo para sobrevivir.

Sin embargo, soy optimista. Eso nadie me lo quita. Creo en mi país, creo en los venezolanos, creo en que más pronto que tarde saldremos de este oscurantismo en el que nos dejamos meter. No creo en mesías, ni en videntes, ni en cartas de Tarot que guíen nuestro destino. Creo y confío firmemente en que los buenos somos mayoría y que juntos haremos lo mejor por nosotros mismos.

Gladys Socorro

Venezolana y Periodista

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Y regresó, como lo dijo Rómulo

“A los que pensaron que metiéndome en un hueco en la cárcel de La Planta, la más inhumana y peligrosa del país, para que me asesinaran o terminara convertido en una piltrafa humana, sólo les digo que volveré, volveré por allá. Como dijo Rómulo Betancourt: We will come back”.

Palabras ciertas. Me las dijo Manuel Rosales el 4 de mayo de 2009, en su primera entrevista desde el exilio, en Perú. Para ese entonces solo estaban preñadas de deseos, pero hoy son una realidad. En solo un par de días pisará tierras zulianas. El jueves 15 de octubre se reencontrará con su gente, con miles de hombres y mujeres que la semana pasada de volcaron a la calle para escuchar el anuncio.
“Los que nunca pudieron vencerme política y electoralmente me tendieron una emboscada con mucha saña y con mucha maldad, para circunstancialmente, sacarme del juego. Pero les digo que no me van a poder borrar del pensamiento ni del corazón del pueblo zuliano ni de Venezuela, y mucho menos van a doblegar mi espíritu de lucha. No hay que claudicar. Hay que entender que no es caerse sino levantarse rápido, sacudirse el polvo y seguir adelante”, me decía Rosales desde un sillón, mientras reflexionaba sobre su situación hace ya seis años, una semana después de recibir el asilo. 
Dios escribe recto sobre líneas torcidas. Han sido años difíciles, alejado de su familia, de su tierra, de su pueblo, por un capricho del Gobierno de turno. Su caso ha sido desmontado con las declaraciones notariadas del exmagistrado Eladio Aponte Aponte, quien aseguró que el juicio estaba dirigido desde Miraflores; con el retiro de la denuncia por parte del único acusador, José Luis Pirela; y la conclusión de la Interpol tras casi 12 meses de investigaciones: Manuel Rosales es un perseguido político.
Ha sido un hombre de una sola línea. En la misma entrevista que me concediera en exclusiva desde su exilio aseguraba: “Yo pude haberme acomodado muchas veces, pero no soy un hombre de hacer trueque de mis ideas por una posición política. Manuel Rosales no nació ese día. Yo no tendría ojos para mirar a mis hijos ni a la gente si yo hubiese vendido mis ideales”.
En esa conversación me hizo una confesión que hoy, a pocos días de regresar a su tierra, pareciera una premonición. “Mi inspiración es el vuelo del águila y su longevidad. El águila puede llegar a los 70 años de vida, pero como todo, cuando llega a 40 años tiene que renovarse porque se lo impone la propia condición y naturaleza, y tiene que, en ese momento, comenzar un proceso de cambio para alimentarse y no morir. El pico se le pone débil, pierde su capacidad para capturar presas; sus uñas pierden fuerzas y el plumaje se le vuelve muy largo y pesado, por lo que no puede volar con facilidad. Tiene que buscar una montaña bien alta, un sitio bien especial, y allí, durante cinco meses, inicia un proceso de renovación. Lo primero que hace es que golpea la pared con mucha fuerza y por muchos días hasta que logra desprenderse el pico, y luego espera un tiempo para que aparezca uno nuevo. Después, se va arrancando las uñas, y luego que logra la renovación de esa parte de su cuerpo, va desprendiendo las plumas. Al terminar su proceso sale renovado, vuela alto y puede durar 20 o 30 años mas… Yo estoy como el águila, tomando fuerzas para alzar el vuelo”. 
Gladys Socorro

Venezolana y periodista

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Manuelito vuelve

La calle habla. El comentario generalizado es “Manuel vuelve… y pronto”. Hay consenso en cuanto a la necesidad de que un estratega de su calibre asuma las riendas de su partido Un Nuevo Tiempo, y que aporte ideas en la reconstrucción de la Venezuela que, sin duda, comenzará el próximo 6 de diciembre. ¡Y vaya que tiene que aportar! No es un mesías, pero es un hombre que tiene una amplia experiencia social y política, con una sólida gestión de gobierno que mostrar, consolidada en sus períodos como gobernador de Zulia y alcalde de Maracaibo. 
Pero hay una duda que da vueltas en el ambiente: ¿por qué Rosales, después de tener seis años en el exilio, ahora quiere regresar arriesgándose a que lo metan preso? ¿Por qué regresa ahora si siguen mandando los chavistas? ¿Acaso las condiciones han cambiado en algo? Todo parece indicar que para el fundador de Un Nuevo Tiempo las cosas no están igual que antes.

De entrada, olvidémonos de pactos con el gobierno porque no los hay. Si así fuera, Manuel Rosales hubiese regresado a su tierra hace mucho tiempo, pero con la lengua amarrada y arrodillado, cosa que, sinceramente, dudo que hubiese aceptado. 

Después de seis años, quien fuera dos veces gobernador del Zulia, viene con el aval legal y jurídico debajo del brazo. José Luis Pirela, su principal acusador el 13 de septiembre de 2004, retiró la denuncia, una vez que la misma fuera archivada el 18 de enero de 2006 por la fiscalía 25, conjuntamente con la fiscalía 8 del Ministerio Público con competencia plena a nivel nacional, por considerar que “no ha sido posible determinar ilícitos penales que comprometan la responsabilidad de los investigados”, y nuevamente reabierta en agosto de 2007 ante la cercanía de importantes procesos electorales.

Ese año fue azaroso. Rosales, quien había apostado por el camino de los votos en 2006, se vio envuelto en una persecución que buscaba sacarlo del juego político y evitar que la oposición arrasara en las elecciones de 2008 para la alcaldía de Maracaibo -ganó con 60 por ciento de los votos- y que se alzara con la gobernación zuliana, como en efecto sucedió.

El despecho electoral llevó al entonces candidato chavista derrotado, Gian Carlo Di Martino, de la mano con Mario Isea, a interponer una nueva denuncia, bajo el mando del juez Eladio Aponte Aponte, de quien ya sabemos que cantó como un pajarito desde Costa Rica, con declaración notariada y registrada, donde asegura que el caso de Rosales se orquestó desde Miraflores, y éste tenía que ser imputado al precio que fuera.

La orden era clara. Había que sacar del juego a Manuel Rosales. Dicen incluso que en el gobierno nacional se hablaba de asesinarlo, no sabemos si solo políticamente, el caso es que entonces se coló la sentencia: iría preso a La Planta, una de las cárceles más peligrosas del país. Rosales no tenía otra opción mas que salir del país y proteger su vida. No sería un simple preso. Lo iban a matar. 

Hoy, después de seis años en el exilio y presentado su caso ante todas las instancias internacionales, asesinarlo sería una torpeza oficial con repercusiones internacionales sin precedentes. Incluso, la Interpol, tras dos años de investigaciones, desechó su caso. En 2012 concluyó que las actuaciones en contra de Rosales tenían un carácter predominantemente político, por tanto, fue sacado de la lista de alerta roja internacional.

Las cartas están echadas. Manuel Rosales está decidido a regresar a su tierra. Tras seis años en el exilio cuenta con 60 por ciento de aceptación entre los zulianos. La gente lo quiere y lo apoya. Los chavistas le temen. Muchas son las fechas que se barajan entre los cercanos, mas lo cierto del caso es que, conociendo al personaje, ni siquiera su almohada debe saber el día exacto de su llegada.

Gladys Socorro

Venezolana y periodista

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A Arias Cárdenas le faltan pantalones

 

Este país lo que está es falto de pantalones. No hay autoridad que le ponga freno a tanta anarquía. Quienes tienen el poder lo hacen todo con la boca, pero a la chiquita, nada resuelven.Los bachaqueros nos llevan por la calle de la amargura. Son unos bárbaros, arrasan con todo a su paso. Por lo menos en el Zulia parecieran tener luz verde para hacerse de todos los productos regulados sin que nadie les dé un parao, ni siquiera el Gobierno nacional con sus Operativos de Liberación del Pueblo (OLP) que se llevan por los cachos a los que son y a los que no son también.

El detallazo es que los bachaqueros no trabajan solos. Para nadie es un secreto que se han convertido en mafias que, con armas en mano, reclaman siempre los primeros puestos de las largas colas de los mercados y supermercados, mientras que el pendejo de a pie tiene que estar horas bajo el sol inclemente a ver si puede comprar lo que ellos le dejan.

No puedo creer que Francisco Arias Cárdenas, gobernador de Zulia, no esté enterado de la situación. Si me lo jura de rodillas, no se lo creo. ¿O es que tampoco sabe que esas mafias de bachaqueros se están llenando con la reventa de los productos, dentro y fuera del país, por ejemplo, en Maicao, donde por una mantequilla regulada les pagan hasta 1200 bolívares? O, por el contrario, ¿es que tanto sabe de esas marañas que se atrevió a proponer que los colombianos paguen en pesos sus actividades dentro de las fronteras nacionales sin atacar el problema de raíz? La verdad es que el gobernador nos ve la cara a toditos.
Los bachaqueros tienen un negocio redondo. Hacen lo que les da la gana. Se están llenando a costillas del pueblo y con la venia del Gobierno. ¿Quién controla a quién? ¿Quién le tiene miedo a quién? O mejor dicho, ¿quién está tapando a quién?.
Gladys Socorro

Venezolana y periodista

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La gente no quiere más cuentos

La pelea es a muerte. No hay tregua. Cada día cuenta, cada palabra, cada acción. No hay tiempo para equivocaciones. Solo quedan escasos cuatro meses para que los candidatos de la Mesa de la Unidad lleven su mensaje al país. Escasos cuatro meses para hacer que el pueblo le pierda el miedo al Gobierno y salga a votar masivamente el 6 de diciembre. Esa es la tarea.

Las discusiones internas deben meterse en el congelador. Los partidos no pueden perder el tiempo en pequeñeces ni conflictos de intereses. De no ser así no tengo dudas de que la misma gente les pasará por encima, así como le va a pasar al Gobierno si sigue quitándole la comida y viéndoles la cara de bolsas.

La gente está arrecha (no hay otra palabra que exprese lo mismo). Ya no hay medias tintas. Hay colas para todo. No se consigue casi nada y lo poco que hay está por las nubes. La gente no quiere más cuentos. Ya basta de tanta burla y descaro.

Los nombres están en la mesa. Habrá unos buenos y otros no tanto, pero no es el momento de exquisiteces políticas. Vamos paso a paso. Lo primero es acabar con este Gobierno y sus erradas políticas socialistas que lo único que han hecho es hambrear al pueblo. Luego ya tendremos chance para decidir por los mejores.

Y no se trata de conformismo, se trata de ser efectivos para lograr el objetivo común. Entre demócratas está garantizada la alternancia en el poder, mientras que los chavistas que se montan, se agallan con las sillas.
Hay que dejar a un lado el entreguismo, la apatía colectiva y el miedo. Nos merecemos mucho más que esto que tenemos. Nos merecemos un país donde quepamos todos y existan oportunidades para todos. Pero para reconstruirlo debemos trabajar, y duro. Es nuestra responsabilidad que hoy tengamos lo que tenemos, por tanto, es nuestro deber pegar cada pedazo de este país que se desmorona en nuestras propias narices.
Gladys Socorro

Venezolana y Periodista

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¡No más miedo!

Sólo acabando con el miedo de la gente se ganarán las parlamentarias y cualquier otra elección. De resto, es seguir arando en el mar, es seguir pensando en pajaritos preñaos.
El que tenga ojos que vea. Las estrategias del Gobierno son las mismas de siempre. Sus discursos y acciones van dirigidas a afianzar el temor de los venezolanos a la sola idea de volver al pasado, pero entendido desde la óptica chavista: ladrones de la cuarta, bipartidismo que raspa la olla a diestra y siniestra, un pueblo abandonado que no recibe ni migajas, y un Gobierno que no lo escucha y mucho menos se identifica con sus pesares. También profundizan la dependencia económica y alimentaria para hacerlos sus esclavos, lo quieran o no.
Esa es la fórmula que les ha dado buenos dividendos por más de una década, amén de si hacen trampa o no en el Consejo Nacional Electoral (CNE), cosa que hasta ahora la oposición no ha podido demostrar, más allá del ventajismo que es evidente en la utilización de medios masivos de comunicación y recursos del Estado.
No tengo dudas de que la Mesa de la Unidad (MUD) irá de la mano a las elecciones, más allá de las discrepancias internas que puedan tener. Pero no se equivoquen: el descontento generalizado que hay en el país no es sinónimo de triunfo. No necesariamente porque la gente esté en contra de las políticas de Nicolás Maduro respaldará las candidaturas opositoras. Si no se hace el trabajo, la gran mayoría pudiera decantarse por la abstención, cosa que favorecería, indudablemente, a los rojos.
Pero, ¿cuál es el trabajo? Se los digo clarito: pararle a la gente, mirar más allá del plano electoral y conectar con los ciudadanos de a pie que padecen a diario las burlas y calamidades de este Gobierno. Hay que apostar a la emoción como herramienta prioritaria para despertar y mover a las masas que están metidas de cabeza en una desmotivación y desesperanza internalizada. 
Hay que tener claro cuál es el terreno en el que se mueve el enemigo para poder atacar con firmeza. Los deseos no preñan. Hay que sacarle tarjeta roja al miedo para poder acabar, no con el chavismo, sino con este Gobierno.

Gladys Socorro 

Venezolana y periodista

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